Hacia el interior de San Fernando, entre los ríos Azufre y Tinguiririca, se levanta el sistema geológico del cual este volcán constituye el punto más alto: una larga fisura, colmada de puntos activos o “calientes”, famosa por algo más que sus aguas termales. Es esta una montaña de transición. Se instala inmediatamente al sur-este de las paredes graníticas y los grandes glaciares con que nos sorprenden los Andes de la Reserva nacional Río de los Cipreses, ubicándose próximo al imponente cerro el Brujo y al glaciar Universidad. Es, por el norte, de los primeros conos volcánicos, que en lo sucesivo dominarán la cordillera de la Araucanía y los Lagos. Para llegar a este volcán y sus activas laderas se debe realizar una hermosa y larga aproximación, que permite recién al segundo día admirar sus pendientes. Además de la impresionante vista desde la cumbre – que se explica por la mayor dispersión de los Andes en la zona y su cráter glaciado - y de las gratificantes termas de su campamento alto.
Geológicamente, este volcán corresponde a una fisura volcánica, conformada por una decena de cráteres recientes, alineados en dirección norte-sur. Sus productos corresponden a lavas y depósitos de flujos piroclásticos, variando composicionalmente desde andesita a dacitas. Su actividad histórica posee un registro muy pobre, algunas crónicas mencionan actividad eruptiva en 1779 y 1830, además de la última erupción que habría ocurrido en 1917, momento a partir del cual ha presentado una constante actividad fumarólica.
Total de ascensiones: 76