En esta tercera y última crónica, Anahí Giorlando nos cuenta todo sobre su pegue a la cumbre de la Torre Sur de las Torres del Paine por la Ruta Aste.
Lee las entregas anteriores de esta crónica: Parte 1 Parte 2
Sector de escalada Nutria: un descubrimiento a la espera de una nueva ventana
Después de escalar la Torre Central y volver a Puerto Natales, empezamos a ver de inmediato el clima. Para aprovechar el tiempo de espera por una nueva ventana, decidimos irnos con Alexis a Nutria, un hermoso sector de escalada ubicado en Villa Serrano, cerca de Puerto Natales. Así, estuvimos equipando algunas vías, conociendo, escalando un sector de deportiva que tiene alta dificultad, no hay vías fáciles, entonces fuimos ahí a apretar un poquito.
Cuando volvimos de Nutria nos fijamos que justo se venía un ventanón (condiciones climáticas muy buenas).La primera semana de marzo comenzó el buen tiempo. La ventana comenzaba el 5 de marzo y terminaba el 7, aproximadamente.
En ese momento, nos miramos con Alexis y fué “ya, vamos de nuevo, vamos por ese pegue, vamos a la Torre Sur”.
El plan: la vía Aste a la Torre Sur

Empezamos a investigar, a buscar información. Nos metimos a la página del escalador argentino Rolando Garibotti, ya que él tiene muchos topos del Paine. Ahí vimos la vía Aste, ruta que ya habían hecho algunos amigos, entre ellos, Marina. Por otro lado, mis amigos Prana y Franco habían ido a escalarla justo cuando nosotros habíamos ido a la Torre Norte.
Decidimos hacer el intento en dos días: Campamento Japonés – Base de la Pared de la Torre Sur, que es un acceso diferente, no se llega hasta la Caja Whillans, es un acceso más adentro del valle, por un canalón diferente.
En ese momento nos pusimos de acuerdo para que subiéramos con Nico Negro y el Joaquín Cisternas. Ellos en un momento pensaron que si tenían tres días de ventana, podían incluso hacer la travesía completa. Así que quedamos en eso. Ellos iban a subir un día antes, partirían por el Peineta hacia el sur, y nosotros íbamos a llegar un día después, directamente por la Aste.
Aproximación difícil y campamento bajo la pared
Empezamos a caminar y había mucha nieve. Entrabas al Valle del Silencio y ya estabas enterrándote en la nieve. En ese momento nos preocupamos. Nos dimos cuenta de que las condiciones realmente estaban muy diferente a los ascensos anteriores. Ya estábamos llegando mojados y ni siquiera estamos ni a mitad del camino para llegar a la playita, lugar donde, eventualmente, íbamos a montar el campamento para ascender la Torre Sur y comenzar el pegue temprano al otro día.
Cuando íbamos caminando por los neveros, vimos el nombre de Alexis escrito en la nieve y gracias a eso supimos que ellos ya habían pasado por ahí. Empezamos a mirar las paredes, se empezó a ver el Peineta, que es la primera cumbre que se ve, luego empezamos a ver la Torre Norte y tratábamos de ver dónde estaban los chicos.
Pensábamos que si ya habían partido ese día temprano, seguro ya estaban bajando por la Torre Norte preparándose para subir la Torre Central por la Bonington- Whillans.
Pero no veíamos ningún indicio de nada. Y de un momento a otro, veo una carpa abajo, justo donde nosotros íbamos a acampar, y ahí estaban Nico y Joaquín. Nos contaron que en verdad el clima no estaba para escalar desde abajo. Evidentemente la pared iba a ser peor de lo que esperábamos.
No estaban las condiciones para subir el día anterior, y para más remate se les había quedado gran parte de la comida, entonces no tenían comida para tres días de pegue. Si el clima los hubiese acompañado, tampoco hubieran podido subir. La opción fue sumarse a la Torre Sur, con nosotros.
Acampamos todos juntos. La acostada fue temprano porque íbamos a poner la alarma a las 2 am de la mañana para poder estar saliendo tipo 3am. Pesamos las mochilas para que todos nos lleváramos el equipo equitativamente.
Nico y Joaquín partieron un poco antes. A mi me gustaba la idea de que ellos subieran un poco antes porque iban a ir evidentemente más rápido que nosotros.
Una escalada comprometida
A las 4am estábamos ya caminando. La idea era llegar no tan temprano porque la base de la pared de la Vía Aste, no es tan evidente y hay que llegar con luz para ver bien por dónde ir, mirarla bien, porque no es una escalada lineal: subes, bajas un poco, hay travesías… Es bastante compleja la entrada a la ruta y es una roca bastante descompuesta, sobre todo los primeros seis largos de la pared, es una roca de muy mala calidad. Yo diría hasta un poquito peligrosa. De esas vías que vas una vez y no sé si la quieres volver a escalar.
Nosotros la renombramos: “Háztela una vez no más”
Tiene poca protección y no sabes si confiarle o no a las protecciones que vas poniendo, entonces en ese aspecto es bastante compleja. Es una ruta también donde todos los anclajes son clavos muy antiguos y stopper, o solo clavos, es muy alpina la escalada.
La escalada en la Torre Sur es bastante comprometida. Hay que tener un criterio bien elevado con respecto a qué le confías, qué es lo que tienes que cambiar, y obviamente a estos pegues, tanto a la Torre Central como a la Torre Sur, o cualquier pegue que uno vaya a hacer en ambientes de montaña.
Ya llegando a la parte del hombro, la escalada cambia. Comienza a cambiar el color de la roca incluso, porque abajo los primeros largos son con una roca algo gris y ya la parte más alta desde el hombro en adelante es un granito rojo muy bonito y la calidad totalmente mucho más buena pero no hay tanta fisura continua.
Es una escalada más de montaña, donde tienes que ir navegando. No es como una línea continua que uno ve y sigue como pasa en la central o en otras paredes. Acá sí tienes que tener el sentido de navegación, totalmente desarrollado porque es muy fácil perderse. Nosotros íbamos muy apegados al topo que llevamos, que es el que hizo Rolando Garibotti.
Cuando estábamos como en el largo 16 ó 17 nos encontramos con los chiquillos que ya venían de vuelta de la cumbre. Ahí nos cuentan que un poco más arriba el clima estaba brutal, muy ventoso. Nosotros seguimos no más, aunque en esa época ya los días no son tan largos como en febrero. Empieza a llegar la noche antes, a las nueve de la noche ya está oscuro. Tratamos de avanzar lo máximo que pudimos, llegando hasta el largo 21.
Yo había bajado muy débil de la escalada anterior y me había resfriado, estaba con mucha tos, con el cuerpo un poco cortado, dándolo todo siempre, aprovechando estas ventanitas que el Paine nos estaba regalando, que para mí todo eso era un regalo. Yo lo estaba dando todo en agradecimiento a esas oportunidades que se abrían.
Vivac, tormenta y cumbre
En el largo 21 encontramos una “terraza”, bastante inclinada, donde acomodamos unas piedras lajas, de tal manera que pudiéramos tener una especie de soporte, hicimos un pasamanos y nos instalamos ahí.
Nos sacamos el arnés, pero nos pusimos una cinta runner alrededor del cuerpo, por si nos arrastrábamos hacia abajo mientras dormíamos. Ahora podíamos desplazarnos de mejor manera por la terraza o ir al baño, ya que ni siquiera había ido al baño por el estrés. Tampoco había comido mucho, un cuadrito de chocolate no más porque no te daba hambre, había que estar subiendo todo el rato, con suerte tomamos un poco de agua.
Derretimos nieve, tomamos agua y pudimos comer. Llevamos una comida liofilizada que nos auspició Volkánica para que pudiéramos ir más livianos a escalar. Eso nos ayudó un montón porque es mucha la diferencia entre tener que llevar comida para preparar que una liofilizada que le echas agua y listo. En términos de peso, nos ayudó un montón. Y logramos descansar un poquito.
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Al otro día partimos con las primeras luces, en uno de los amaneceres más bonitos de mi vida. Salía el sol rojo, lo alumbraba todo con un color muy fuerte y muy bonito. Se veía la laguna que está al frente de las tres Torres del Paine, una vista total por las caras Este y el glaciar, el Valle del Silencio… un momento de disfrute total.

Ya había llegado la tormenta y estaba nevando un montón, con un viento brutal. Venían travesías, más navegación. Desde el largo 21 en adelante son 300 o 400 metros de escalada hasta la cumbre. Llegamos hasta una falsa cumbre, nos quedaba un largo más y fuimos con todo.
Un empuje pero brutal, brutal, porque ya en un minuto tú literalmente crees que ya no hay nada más que entregar y siempre hay un poco más. Uno se termina sorprendiendo de la capacidad de empuje que uno puede tener en estos momentos. Es decir, estás convencida de que literalmente ya no puedes hacer nada, pero hay una fuerza espiritual mayor que te lleva a empujar.
Yo veía la cara de felicidad de Alexis. Yo creo que lo disfrutó un montón. Nunca fue un tema el viento, la tormenta. Está tan adaptado a esos ambientes de montaña que yo veía su cara y me daba una tranquilidad tremenda. Entonces, llegamos a la cumbre, fue hermoso, perfecto, precioso.

Nos sacamos unas fotos, los dos sumamente cansados. Yo le veía la mirada a la Alexis, los ojos rojos, me imaginaba cómo tenía la cara yo. Pero nos abrazamos, nos dimos un besito, disfrutamos ese momento y bajamos, pero lo más rápido posible. Porque ya se notaba que la ventana se estaba yendo, estaba todo tapado.
Descenso y reflexiones finales
Había vientos muy fuertes, con ráfagas constantes una tras otra. En esta oportunidad trabamos cuerda tres veces, pero por el escenario mismo, porque es mucha navegación y los rapeles son extraños, muchos cachos. Llegamos como a las seis de la tarde abajo.

De todas maneras, fue increíble la bajada. A excepción de los tres largos en los que trabamos cuerda en el hombro, todo lo demás perfecto. Tuvimos que abandonar muchos stoppers porque la calidad de las reuniones era muy baja. Muy peligrosos los descuelgues.
Tip: Es importante llevar cordines y stoppers para abandonar.
Algunos descuelgues habían sido reforzados por el Nico y el Joaquín, pero muchos otros estaban en muy malas condiciones. Desde los primeros seis largos -o últimos-, los rapeles eran más verticales y fáciles de bajar.
Llegamos directamente al campamento a descansar y ese día bajamos hasta el auto, en un día.
Ya se notaba un poco más la adaptabilidad después de un mes de pegues en el Paine. Tu cuerpo igual se va adaptando a esos estímulos, a caminar, al peso. En Santiago estás muy cómodo, siempre escalando al lado del auto. Entonces aquí te obliga a un esfuerzo más por un beneficio sumamente mayor.
A mí me encantan las zonas de escaladas que están alejadas de la ciudad, las cuales tengo que aproximar y si son dos o tres días me imagino que esos paisajes son mucho más salvajes, entonces por ende vale la pena totalmente el sacrificio.
Cuando bajé, tuve que ir al doctor porque llevaba muchos días con mucha tos. Tenía una neumonía, así que ahí tuve que darme un par de días de descanso hasta una próxima ventana.
Para mi, concretar ese sueño fue romper una barrera. Todas las personas que yo conocía que habían intentado ir al Paine siempre me hablaban desde el miedo, me decían, que había sido la peor escalada de sus vidas, muy peligroso, casi se habían muerto.
Yo me siento súper afortunada de tener compañeros tan buena gente como el Alexis, con quien somos pareja hace muchos años, nos conocemos muy bien, las mañas, los gustos, lo que no le gusta en la montaña, lo que come.
Siempre tratamos de aprender algo detrás de cada pegue, cada experiencia de montaña te va a entregar un aprendizaje y ahí tienes que estar tú abierto en alma, espíritu, logística, a ver qué puedes aprender de cada una de esas experiencias. Porque no fue que yo empecé a escalar y quise ir al Paine, sino que existe un largo recorrido deportivo en mi cuerpo que me hizo poder disfrutar esa experiencia de una manera diferente. Yo partí en este deporte con ganas de escalar grandes paredes, hice muchas temporadas de paredes muy fáciles para ir adaptando mi cuerpo, mi mente, y creo que cada una de esas experiencias hicieron que fuera posible todo esto.
El buen humor es clave, la buena disposición, la estoy pasando mal pero te pegas un bailecito, no sé, como que, o te tiras un chiste, pero tratas siempre de mantener la moral alta en cualquier término.
Tienes que tener un amor en común para poder prepararte mental y físicamente para estos desafíos.
Creo que igual es importante contar esta historia para que más mujeres se motiven, más chiquillas se atrevan y no tengan miedo a cumplir ese sueño. Quizás está la motivación está, pero a veces alimentada por malas experiencia de otras personas que fue lo que me pasó a mí en un inicio: escuchar tanta mala experiencia de otras personas te hace sentir un poco de miedo y pensar que es algo imposible. Pero no.