En esta segunda crónica, Anahí Giorlando relata cómo aprovecharon dos ventanas climáticas para vez explorar por un lado el valle Bader, y en una segunda instancia, escalar y hacer cumbre en la Torre del Paine Central.
Lee la primera parte aquí:


El valle del Bader: Cuerno Este
La segunda ventana de buen tiempo que nos tocó, estaba muy helada y había caído mucha nieve, por lo que decidimos ir al Valle Bader con el objetivo de escalar algunas vías en el Cuerno Este .
Fuimos en una cordada de tres, con Cristóbal Bayer y Alexis Rojas. En esta ocasión, nos preocupamos de ser más eficientes con respecto a la comida, ya que la vez anterior habíamos llevado demasiada, tratando de ajustar ciertas cantidades para ir más livianos, ya que todas las aproximaciones a la pared son muy largas.

En este caso, como veníamos del trekking del Valle del Silencio, ir al Bader fue mucho más liviano y, además lo pasamos muy bien.
Ahí tuvimos dos días de ventana, donde escalamos en un día la ruta Tesoro Verde (250 metros /11- ), que es una vía muy buena, a pesar de que todas las reuniones cuentan con equipo muy antiguo. En esta ruta no hay chapas, lo más cercano son los spit, había muchos clavos y cuñas en la pared.
El segundo día intentamos abrir una vía, pero no tuvimos éxito porque nos dimos cuenta que la línea que habíamos visto ya había sido escalada.
Entonces, decidimos bajar e irnos Puerto Natales. Cristóbal se tuvo que ir y nos quedamos con Alexis esperando la próxima ventana.
Una vez más al Valle del Silencio
Para mí esa tercera ventana de buen tiempo fue bastante dura. Estuvo muy pegada a la escalada anterior y no alcancé a recuperarme del todo. Igual decidimos subir y alivianamos peso en comida para la caminata que nos esperaba: unas seis horas hasta el primer campamento y quizás seis horas más hasta el siguiente.
Tomamos la decisión de hacer el tramo en dos jornadas, porque entramos al Parque con tormenta, entonces pensamos ganar ese día de caminata al primer campamento y escalar más frescos.
En esta oportunidad fuimos a hacer la Torre Central por la vía Bonington-Whillans.
Llegamos en medio de la tormenta, con todo nevado. Solo durante el trekking nos habíamos mojado los pies por completo. Hicimos algunos ajustes de equipo, cambiamos algunos números de empotradores para ir más livianos, llevamos las cuerdas más delgadas que teníamos, una cada uno, ultralight.
La comida fue muy pensada esta vez: sándwiches para el trekking del primer día. Seguimos el ejemplo de Chacho y nos llevamos unas milanesas, lo cual anduvo súper bien. El primer día llegamos al Campamento Japonés, y el segundo hasta la caja Willhans, a la que llegamos bien temprano, tipo dos de la tarde, porque íbamos a salir de la carpa entre 3:30 -4 de la mañana a escalar la Torre Central.
Cuando ya teníamos todo armado: el campamento, la última comida del día, y estábamos listos para dormir, aparece un amigo que no veía hace tiempo porque se había ido a vivir a Canadá, el José Pineda (Pino), que se había quedado sin cordada en el último momento que iba a escalar la Torre Sur. Pino había viajado muchísimos kilómetros para devolverse y quería aprovechar la ventana. No quería quedarse sin escalar. Él había subido hasta la Caja Whillans para ver si encontraba algún amigo para hacer cordada.
Una visita inesperada
En eso yo estaba acostada, Alexis había ido a buscar agua y empiezo a escuchar “Anahí, Anahí, Soy el Pino, ¿puedo escalar con ustedes?…”
Cuando llegó Alexis, lo conversamos y obvio le dijimos que sí y le comentamos nuestro plan, le mostramos los topos, etcétera. Pino había dejado sus cosas más abajo, a una distancia considerable. Es decir, ya había subido a las cajas, luego bajó a buscar sus cosasa la cueva Bonington y subió de nuevo hasta donde estábamos. Obviamente llegó tarde y un poco destruído, pero ahí nos despertamos, le hicimos un huequito en nuestra carpa que es pequeñísima (dos personas), dormimos apretadísimos. Sin embargo, no era la primera vez que escalábamos juntos, en condiciones similares.
Nos dormimos inmediatamente y sonó la alarma a las tres AM. Alistamos todo, nos tomamos unos mates, comimos algo y como ya teníamos las mochilas listas, partimos de los primeros de todos los grupos que estaba acampando, nos tocó abrir huella.
Luego, tocaba la primera montada al hombro. La vez anterior, cuando fuimos a la Torre Norte, hicimos toda esta parte de pared sin encordarnos, ya que son trepes relativamente fáciles, si uno se mueve bien en las fisuras puede ir sin encordarse, pero ya es pared de tomo y lomo. Pero ahora estaba tan cargado de nieve y de hielo que tuvimos que encordarnos desde la base misma, lo que nos hizo ir muy lento.

Cuando nos metimos al canalón para conectar con el pie de vía de la Bonington – Whillans, había acumulado tanta nieve que íbamos escalando con nieve hasta la cintura. Perdimos muchísimo tiempo en esa sección, que en otras condiciones podríamos haber hecho muy rápido. El imprevisto nos hizo tomar nuevas decisiones, ya que habíamos considerado repartirnos la apertura de largos de cierta manera, entre los tres, pero considerando todo el tiempo que nos había tomado la primera parte, Alexis nos planteó la idea de abrir todos los largos porque teníamos que ir escalando muy rápido, agarrarse de lo que encontráramos e ir para arriba.
En eso, nos pasó una cordada compuesto por los escaladores, Franco y Marina, que al ser dos iban a ir más rápido que nosotros que éramos tres. Ellos iban súper bien, iban muy rápido e íbamos súper coordinados, porque ellos salían de una reunión y llegaba el primero de nosotros.
Entonces dijimos, “ya, esa es la base de la metodología, sin tener que liberar nada, agarrarse de todo“. Luego, empezó después la escalada vertical. Ya estamos hablando de grados en libre, 11C, 11D, enfocándonos en la escalada rápida.

Con el Pino le dijimos a Alexis que queríamos abrir algún largo, y él nos advirtió que nos daría una oportunidad; si nos demorábamos no nos iba a pasar más la punta de la cuerda, porque realmente no íbamos a lograr llegar a la cumbre si no lo hacíamos rápido.
La idea inicial era hacerla por el día, pero igual llevábamos un saco por si nos pillaba la noche. El plan B era quedarnos en el Largo 14, donde se forma como una pequeña terraza y en caso de que se hiciera muy tarde, nos quedaríamos allí y haríamos cumbre al día siguiente.
Entonces, el Pino ahí intentó abrir una travesía y se demoró demasiado. La otra cordada, compuesta por Marina y Franco nos tomaron una distancia considerable y nosotros nos empezamos a quedar cada vez más atrás. Cuando llegamos a la reunión nos juntamos los tres y volvimos a discutir el tema, literalmente había que ir muy rápido, resolver rápido, con el objetivo único de llegar a la cumbre.

Una vez más, Alexis dijo, “ya ok, yo voy a continuar con la apertura de los largos para que la hagamos corta”. Y ahí empezamos a subir más rápido. Y a mí me pasó que en el largo 12 comenzó mi período menstrual, adelantándose tres días de lo que tenía contemplado. Yo pensaba que en ese momento iba a estar en el campamento, donde además había dejado mis pastillas para el dolor y todas las cosas que se necesitan. Y desde este momento comencé a sentir mucho dolor, empecé a sangrar muchísimo, toda mi ropa iba ensangrentada y me empecé a sentir muy débil. Trataba de hacer fuerza y no podía, iba encorvada escalando porque sentía un fuerte dolor en mi útero y con los chicos decidimos llegar hasta el largo 14, porque ya se nos había hecho muy tarde y necesitábamos descansar para continuar al día siguiente. Habíamos llevado también una jetboil y un gas chiquitito, y yo me pude hacer algo calentito para zafar. También teníamos un poco de comida muy liviana por si nos teníamos que quedar.Y ahí decidimos esperar.
Fue la noche más helada de mi vida, tenía las piernas congeladísimas, el Pino estaba temblando al lado mío.
Alexis era el más adaptado a esos climas y estaba un poquito más preparado que nosotros en cuanto al frío, porque tenía puesto unos pantalones de pluma, Pino y yo solo teníamos primera capa y pantalones softshell, sentíamos mucho frío y la temperatura bajó considerablemente. Estuvimos toda la noche literalmente temblando y no pudimos dormir nada.
Como a eso de las dos de la madrugada pasó una cordada que estaba equipando una vía por la Cara Este de la Torre Central y llevaban alrededor de 40 días en la pared. Justo ese día habían hecho cumbre y bajaron de noche. Luego no pudimos seguir durmiendo, el frío nos hacía temblar y estábamos con el estómago apretado. Yo sentía mucho dolor y cuando decidimos que ya había que despertar de verdad, tipo cinco de la mañana seguimos escalando. Nos faltaban aún 5 largos para llegar a las travesías para llegar a la cumbre y empezamos a subir no más, dándolo todo, con dolor de cabeza, con tos, con ganas de vomitar… pero dándolo todo, todo el tiempo.
En un momento el viento estaba tan brutal, que no me podía mantener derecha, en las reuniones tenía que estar afirmada de algo, porque me empujaba, me botaba, deben haber habido ráfagas de 60 ó 70 km/h, ¡muy intenso!
Sobre todo en la cumbre, donde era una cosa que ni siquiera te escuchabas porque el sonido era como todo el tiempo muy fuerte y yo ya en un momento iba gritando, por cada paso era un grito, pero esta vez de empuje porque ya con la pura mente no me bastaba. En el último largo ya estábamos todos un poco más cansados. Las protecciones eran muy pequeñas, pero lo logramos, llegamos arriba.

Yo me puse a llorar porque literalmente lo di todo, estaba en pésimas condiciones, ya que no esperaba que me llegara el periodo, no esperaba tener que escalar todos esos largos así, como tenía los pantalones tan mojados con la sangre, sentía mucho frío en la entrepierna. Estaba más helada de lo normal, pero ya estando ahí, fue como tremenda vista, tremendo grupo, los chiquillos siempre cuidándome, “vamos Anahí, tú podí'”, siempre alentándome, sabiendo las condiciones en las que yo estaba en ese momento. Y era un punto en el que me sentía tan agotada que trataba de hacer fuerza, pero como que el cuerpo ya no me acompañaba.
Yo creo que eso lo logré a pura mente. En ningún momento pensé volver, a pesar de que iba, estiraba el brazo y se me tensaba, no podía flectar, no podía empujarme, pero dije, “no, no, no, hay que empujar, hay que empujar, hay que empujar“, y los chiquillos, alentándome también.
Y ahí, de esa manera, dándolo todo, llegamos a la cumbre, nos sacamos una foto, un llantito y a bajar.

Todo lo que sube, tiene que bajar
Y la bajada de la cumbre consiste en desescalar rutas, devolverte en las travesías… es como volver a escalar, ya que lo mismo que traversiaste hacia la derecha, tienes que hacerlo hacia la izquierda. Además, se puso a nevar nuevamente, el viento estaba brutal, la bajada para mí igual fue compleja.
El viento me llevaba volando como si fuera un volantín. Salía disparada de la pared. Y las cuerdas estaban totalmente horizontales, como que el viento se llevaba todo. Esta vez los rapeles sí fueron complejos, había que hacer fuerza, estirar el nudo con fuerza para abajo, tratar como de buscar la verticalidad, más que el viento te llevara en horizontal agarrándote algunas piedritas.
Algunas reflexiones de escalada (y vida)
La escalada a la Torre del Paine Central creo que es la experiencia más extrema que he tenido en mi vida. Pienso que me ayudó mucho haber entrado a estas aventuras con la humildad del primer pegue. Haber hecho la Torre Norte antes me abrió un paso amigable a las condiciones que viví en la Torre Central, que son mucho más extremas porque la pared es mucho más grande y mientras más alto van cambiando las condiciones totalmente. No es lo mismo estar en la base de la pared que en la cumbre, que es un clima totalmente diferente. Bajando, hay que mantener la mente ahí, focus, concentrados en que lo podemos hacer, sobre todo porque uno ya viene bajando muy cansado, entonces no hay que desesperarse. En esta oportunidad sí que se nos trabó la cuerda, en al menos dos largos que ahí el Alexis subió por las cuerdas y las destrabó.
La hizo muy corta, vimos ahí lo que había que preocuparse, como que se nos había empotrado el nudo de la cuerda en un filito, entonces ahí dijimos ya, ojo los rapeles, con bajar el nudo. Entonces es súper importante entender maniobras básicas como pasar el nudo de la cuerda, cómo avanzarlo para dejarlo en una distancia en la que no se te vaya a empotrar en nada.
Al tomar esto en consideración, los rapeles siguientes fueron muy fluidos. Sobre todo más abajo, que la pared ya se empieza a poner más vertical, que son los largos más duros de la Bonington. Pero ahí estuvimos muy bien, como que tratamos de hacerlo todo muy corto, muy express.
Teníamos muchos recuerdos de cada reunión, porque uno baja por donde subió, no es una bajada diferente, así que era como “terreno conocido”.
Llegando abajo nos dimos el “superabrazo”, porque la real cumbre es cuando toca el piso, y nos dimos un abrazo tan grande, tan tremendo.
Esta vez como bajamos muy agotados del la ruta y yo no estaba en muy buenas condiciones, decidimos hacer la vuelta en dos días. Entonces en esta oportunidad llegamos al campamento, dormimos y al otro día con la calma bajamos pero hasta el campamento japonés y, después de dormir bajamos hasta el auto.
Luego vino el regreso a Puerto Natales a la casa de Nico (Secul) a ducharnos y descansar después de haber pasado el período más extremo de mi vida.