¿Apu Quintu o cerro El Plomo? La historia inca que se esconde en el valle de Santiago de Chile

Hace unos 30 años, un joven Rubén Stehberg presentaba su tesis de Licenciatura en Arqueología sobre el Pucará de Chena, donde cuestionaba la historia conocida de Santiago y el rol que se le asignaba a los incas hasta ese momento. Fue el punto de partida de una investigación que desentrañaría una historia prehispánica muchísimo más antigua que la llegada de los españoles, y que hoy el autor plasma con cercanía en su nuevo libro Mapocho Incaico.

Nos leímos su libro y quisimos conversar con Rubén en primera persona. Esto fue lo que hablamos.


Rubén Stehberg vive en Santiago, recorre la capital de Chile y ya no lo puede hacer sin imaginar lo que pasaba allí antes de que Pedro de Valdivia decidiera fundar la ciudad para tener el dominio de la zona. Pero, ¿cómo Rubén llegó a estas conclusiones? ¿Qué pistas lo hicieron querer mirar debajo de la “historia oficial” que hasta el minuto se había escrito? Quédate a leer esta interesante entrevista con una eminencia de la arqueología en Chile.

Andeshandbook: ¿Cómo nacieron las ganas de investigar tan en profundidad la cuenca del río Mapocho?

RS:  Es una larga historia, pero con muchos saltos en el tiempo. 

Yo hice mi tesis de Licenciatura en Arqueología sobre el Pucará de Chena, una fortaleza inca de San Bernardo

Después me alejé del tema. En un congreso Nacional de Arqueología, un simposio inca en la ciudad de San Luis me plantearon continuar con el tema inca, especialmente en el camino del Inca porque según ellos, los argentinos habían avanzado mucho más por el lado argentino que nosotros los chilenos por el lado nuestro…

Antes de eso, cuando yo hice mi tesis, propuse una hipótesis: planteé que había un centro administrativo importante y una ocupación inca importante en el valle del Mapocho, la que había que proteger de los enemigos, que en esa época eran los promaucaes, habitantes al sur del Maipo hasta el Maule y que los incas consideraban rebeldes o no incorporados al imperio. 

Cerro Chena desde las alturas. Foto: Guy Wenborne

Mi planteamiento fue que la Pucará de Chena existía para evitar posibles incursiones de los promaucaes hacia el centro administrativo, los campos de cultivo y todo lo que había en el Mapocho, donde había una ocupación inca importante.  Esta hipótesis fue rebatida por el conocido historiador Osvaldo Silva Galdames, ya que al contrario, él proponía que la ocupación inca en el Mapocho fue muy débil y muy corta. 

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Según Silva, el célebre Camino del Inca, no había pasado al sur de Copiapó, idea que primó décadas.

Pasaron los años donde yo estuve en una investigación en la Antártica, hasta que el año 2011 llega un historiador llamado Gonzalo Sotomayor (QEPD), que me dijo que tenía mucha documentación nueva, inédita, que él estaba encontrando en los archivos de los padres dominicos, aquí en Santiago, y que hablaban de los Incas. Me pareció interesante y le pedí que me los mostrara y lo que vi fue increíble. Por ejemplo, había un expediente español, incluso con testigos, de la época colonial de 1611 que específicamente trataba sobre el Camino del Inca y donde se estaba discutiendo sobre dos Caminos del Inca paralelos y cuál era el más antiguo, incluso estaban los mapas. En ese mismo legajo, había un testigo que declaraba que el camino del Inca llegaba a la Plaza de Armas y pasaba junto a los paredones viejos de las casas del Inga.  ¿Quién es el Inga?  El rey o el representante regional del rey  Ese Inga es el rey y su familia.  Por lo tanto, estaban las casas, los paredones viejos de las casas del Inga, esto frente a la Catedral Metropolitana, actual calle Puente con Catedral

Entonces yo le dije, “esta información que tú traes es extraordinaria” y Gonzalo Sotomayor me propone que lo publiquemos juntos. Un tremendo honor y una confianza en mí muy grande.  Entonces, yo comencé una revisión de todos los hallazgos incaicos que se habían hecho en la cuenca Maipo – Mapocho.  Como trabajaba en el Museo Nacional de Historia Natural y en el área de arqueología había hartos hallazgos que no están publicados, esos que cuando se abre una alcantarilla o se están haciendo los cimientos de un edificio aparecen. 

Entonces, yo hice una recopilación, un registro de todo lo que se había encontrado y Gonzalo siguió buscando información sobre los incas. 

Todo esto ocurre en el mes de febrero, en plenas vacaciones de verano. Ya en octubre teníamos tal cantidad de información que escribimos el primer artículo y que lo llamamos Mapocho Incaico.  Lo publica el Museo Nacional de Historia Natural como librillo en enero del 2012, con muchísima información de hallazgos arqueológicos por un lado y de datos históricos por otro. 

Cuando Gonzalo Sotomayor falleció, tuve que invitar a otro historiador, Gonzalo Osorio, quien tenía muy buena información y con él pudimos terminar de escribir Mapocho Incaico que trata sobre los distritos prehispánicos de irrigación, o sea los famosos canales. 

Hay alrededor de 15 artículos dando vueltas por distintas revistas sobre el tema de los incas aquí en la cuenca Maipo – Mapocho.

Andeshandbook:  ¿Cómo fue el proceso en el que empezaste a redescubrir Santiago, en el que tú ibas visitando los lugares y te ibas imaginando lo que iba sucediendo dentro de la ciudad cientos de años antes?

RS:  ¿Te has fijado algunas veces que uno anda buscando sus anteojos y no te das cuenta de que los traes puestos?  Aquí pasó lo mismo.

El año 1976 en mi tesis de licenciatura, propuse que había un centro administrativo y religioso principal, pero durante décadas no supimos dónde estaba.  No tenía pistas. Sin embargo, aquí había un gobernador inca, Quilicanta, en alguna parte tenía que tener su palacio.

Pero, ¿dónde estaba? 

Leyendo las actas del cabildo de Santiago, apareció un dato que a mí me iluminó: el 11 de junio de 1541 Pedro de Valdivia convoca a un cabildo a los 145 españoles que habitaban Santiago, el cual se realizará en el Tambo Grande junto a la plaza …

Un par de años antes de conocer a Sotomayor, un historiador me dijo que la única referencia que había de un tambo grande junto a la plaza, era una kallanka, un edificio incaico. Estas kallankas siempre se ubicaban en grupos alrededor de una plaza. Si en febrero habían fundado Santiago, en cuatro meses ellos no habrían construido un edificio grande -cosa que las condiciones imperantes no lo permitían-, y si lo hubieran hecho no le hubiesen llamado tambo. Entonces lo supe: “lo que andábamos buscando está aquí delante de los ojos“; el centro administrativo estaba bajo la actual Plaza de Armas, que es lo lógico y normal que hubiera sucedido, pero no lo sabíamos. De hecho, muchas plazas españolas se han construido sobre plazas indígenas a lo largo del Perú y las iglesias se han construido sobre templos indígenas, ¿por qué no iba a ocurrir lo mismo en Santiago? Esa información fue omitida por los españoles de Santiago.

En los colegios se enseñaba que Santiago fue fundado por Pedro de Valdivia, sobre un sitio eriazo, pero la verdad es que Pedro Valdivia fundó Santiago sobre un asentamiento incaico y todo eso pasó desapercibido.

Cuando Gonzalo Sotomayor llegó con el dato de que el camino del Inca pasaba junto a los paredones de la casa del Inga, y que aún están visibles en 1611, la fecha del juicio, entonces yo digo “aquí estaba el gobernador y el centro incaico“.  La ciudad de Santiago tiene una historia larguísima que no nace con Pedro de Valdivia o con los incas, nace mucho antes con la cultura Aconcagua.


Andeshandbook:  ¿El camino del Inca recorre las faldas del cerro El Plomo?

Un imponente Plomo sobre la ciudad de Santiago. Foto: Ismael Mena

RS:  Eso no lo sabemos. Sí debe haber una red de caminos, pero generalmente lo que más llama la atención es el Qhapaq Ñan, el camino principal, que conectaba con el resto del imperio. 

Lo interesante es que Santiago estuvo conectado con una red de treinta o cuarenta mil kilómetros.  Es notable y eleva la importancia de lo que había aquí, que era la provincia incaica del Mapocho,  como lo menciona la gente que escribe en el siglo XVI, no le ponen inca, pero sabemos que esa era una provincia del Tahuantinsuyo.

Andeshandbook:   Tú propones que el cerro El Plomo tenía otro nombre que era Apoquindo.  Cuéntanos un poquito sobre esa tesis.

RS:  Con Gonzalo buscamos el nombre original del cerro El Plomo, porque obviamente en época prehispánica no se llamaba así. Tiempo después nos tocó estudiar las acequias de Apoquindo. Resulta que Apoquindo es Apu Quintu. Apu es el cerro tutelar, principal, la divinidad principal. Quintu es una ofrenda de hojas de coca; es decir, ofrenda al cerro tutelar.  Otras personas que manejan un poco el tema quechua han escrito lo mismo que yo y es posible que ese sea el nombre inca.

Cerro El Plomo, luego de una noche de tormenta. Foto: Alejandro Huerta

Ahora, la pregunta es ¿cuál habrá sido el nombre anterior local?  ¿Aconcagua?  Eso yo creo que nunca lo vamos a llegar a saber.
Y que el nombre correcto es Apu Quintu, y es una huaca, es decir, un lugar sagrado.

Hemos escrito dos artículos sobre el tema Apoquindo, porque me apasionó.  Es interesante porque la acequia de Apu Quintu le pertenece a la deidad, así como el producto de la cosecha de esas tierras. A la vez, había que administrar un adoratorio que había en la cumbre del Plomo

Un adoratorio exige mucho trabajo.  Hay que subir ofrendas todos los años, pero primero hay que preparar el ofrendatorio mismo.  Son plataformas de piedra, con estructuras de piedra que se rellenan de tierra que hay que subir del valle, ojalá con mucho maíz y llevárselo como ofrenda al cerro.  Y nosotros hemos calculado que son muchos metros cúbicos de tierra que se llevaron para arriba, más o menos 18 metros cúbicos entre las tres que hay. En sacos de 5 kilos de tierra, son como 3.000 viajes, incluso con piedras rodadas de río.  Nadie puede dimensionar la cantidad de trabajo que significaba mantener un adoratorio estatal a 5.400 metros.

Andeshandbook: ¿Se sabe algo sobre el origen del nombre “El Plomo”?

RS:  No sé.  Ese tipo de preguntas es bueno hacérsela a la inteligencia artificial, aunque a veces invente cosas. 

Andeshandbook: ¿Cuáles son los parámetros que has usado para interpretar los datos o qué datos te han llamado la atención de interpretar dentro de esta investigación?

RS:  Es buena tu pregunta porque me pasó que cuando estábamos redactando este libro me di cuenta de que los arqueólogos hemos descrito minuciosamente los hallazgos de la cultura Aconcagua, pero no están interpretados y no se entienden.  Yo tenía que explicar la importancia de la cultura Aconcagua a los lectores y la verdad es que con la información que damos los arqueólogos no da para eso. 

Entonces me permití una licencia: interpretar los datos. 

Obviamente puede haber muchas otras interpretaciones, incluso algunas discrepantes o mejores que las mías, pero, ¿qué es una interpretación?  Es un acto intelectual, flexible, subjetivo, pero que construye relato. Yo me lancé a interpretar los datos que los arqueólogos hemos dado de la cultura Aconcagua y que la definen; como que, al parecer, surgió en forma muy rápida, tipo revolucionaria. 

El colega Luis Cornejo interpreta la cultura y dice que esto se debe haber dado en una o dos generaciones. Y, ¿cuál es una de las acciones características que se hacía?  Enterrar a los muertos en el área residencial.

Luego fueron a dejar el cementerio a un kilómetro de distancia, lo cual es revolucionario porque a los pueblos les gustaba tener a sus muertos cerca y poder convivir con el espíritu de sus ancestros, eso era parte de la religiosidad y siguió siendo parte de la religiosidad en Chile por lo menos hasta el siglo XIX. Y, entonces ¿cuál es la interpretación?  Cuando están los muertos en el área residencial, necesitas un intermediario que relacione a los muertos y a los vivos.  Ejemplo, si te enfermas es porque entró un espíritu maligno a tu cuerpo, entonces tienes que llamar al chamán para que te saque eso maligno. Eso funciona todavía en muchas partes del campo en Chile.  Si entierras lejos a los difuntos, estás prescindiendo del servicio del chamán, y eso produce un vacío de poder que sería ocupado por autoridades nuevas de orden político. 

Esa es mi interpretación y es importante porque estas nuevas autoridades políticas logran empezar a unificar linajes. Antes se agrupaban en familias que reconocían un antepasado común, grupos pequeños de 60 familias, 300 personas, llamados Cabi y cada uno poseía un chamán y un pequeño jefe político de muy poco poder.  Sin embargo, estas nuevas autoridades, no sé si eran mujeres u hombres, empiezan a unificar los linajes en torno a una nueva ideología, lo que podemos interpretar porque se populariza un nuevo tipo de cerámica, la famosa cerámica Aconcagua, única en Chile, con diseño de Trinacrio, un diseño tripartito con el exterior. 

Esta cerámica empieza a aparecer en toda la cuenca del Maipo-Mapocho, y mi interpretación es que se están unificando los linajes y por ende, este grupo de políticos está empezando a adquirir cada vez mayor poder, porque está representando a más gente. 

Cerámica con un Trinacrio. Periodo Alfarero Intermedio Tardío 900- 1470 d.C. Museo Chileno de Arte Precolombino

Finalmente, pasan 500 años en que ya tienen un poder bastante mayor y que están representando por lo menos 100.000 personas y aquí toman contacto con el Tahuantinsuyo, con los incas, y logran concertar un gran acuerdo, incorporándose al imperio inca que se extendió hasta la cuenca del Maipo-Mapocho

Y empezaron a pasar muchas cosas, las cuales se describen en el libro.

Cuando Pedro de Valdivia se entera de todo esto que está pasando en el Mapocho, con un gobernador que está funcionando incluso siete u ocho años después que el Tahuantinsuyo había sido destruido en Perú, justo él estaba buscando un lugar donde fundar una ciudad europea e iniciar desde aquí la conquista de Chile. 

Pedro de Valdivia, aún estando en Cusco, Perú, toma la decisión de venir a fundar un pueblo como el Cusco, pero a orillas del río Mapocho y eso lo escribe en dos o tres oportunidades y lo repite Jerónimo de Vivar, su cronista personal.  Por lo tanto, sabemos que él ya había tomado la decisión de venir a poblar un pueblo como el Cusco a orillas del río Mapocho.  Esa es la historia que estamos contando, donde hay mucha interpretación porque debemos construir un relato.

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Andeshandbook: Tú hablabas de la importancia de reivindicar el nombre de Quilicanta, ¿Por qué?

RS: Aquí existió la provincia incaica del Mapocho, antes de la llegada de los españoles, y Quilicanta era el gobernador de la provincia.   Toda la red de canales que estaba funcionando aquí es producto de él y sus antecesores. No creo que todo lo haya hecho él, que ya venía haciéndose desde antes. 

Pero, mantener funcionando el camino del Inca operativo y tenernos conectados al resto del Tahuantinsuyo, incluso siete años después de que éste colapsara. Eso, creo, merece un lugar en la historia; aquí estábamos tan lejos que lo siguió manteniendo.  Y lo hacía bien, y eso incentivó a Pedro de Valdivia a fundar su ciudad acá, lo que no hubiese sido posible, si la población local no estaba conforme.

Entonces, yo pienso ¿por qué en Santiago no puede haber una calle que se llame Quilicanta?

Andeshandbook: ¿Te gustaría agregar algunas palabras finales?

RS:  La idea de escribir este libro de divulgación científica es que no esté dirigido a arqueólogos, que sea para todos, para gente común y corriente. 

Hay tres personas que me incentivaron a escribir este libro.  Uno es Emilio de la Cerda, profesor de arquitectura de la U. Católica, quien me dijo varias veces que tenía que hacer una síntesis de esto.  Él fue impulsor de la idea.

Luego, un 12 de febrero, en pleno aniversario de la fundación de Santiago, recibo un llamado de una persona que no conocía, que es Renato Garín, escritor, abogado, y que me dice “ya es hora de que escribas un libro sobre la investigación Mapocho Incaico;  si tú lo escribes, yo te voy a recomendar a la Editorial Planeta“. Yo estaba de vacaciones, en la playa, mirando el mar y dije “bueno, tengo tiempo, voy a escribirlo”.  Me dediqué todo lo que quedaba del verano, hasta como el 10 de marzo, a producir este libro. 

Ese borrador pasó por la edición de Ana Rodríguez, de Editorial Planeta; una mujer con muchísima experiencia que me fue dando sus observaciones.

Así que a esas tres personas me gustaría recordar.


Rubén Stehberg es arqueólogo, titulado en Arqueología y Prehistoria por la Universidad de Chile (1976) y doctor en Ciencias Naturales con orientación antropológica por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina (1992). Desarrolló toda su carrera en la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago, entre 1974 y 2017, donde fue jefe de área y coordinador científico. Dedicó su trabajo al estudio y difusión del pasado indígena de Chile, con dos líneas principales: la arqueología histórica antártica y la ocupación inca en el país. Autor de más de 160 artículos y una decena de libros, su aporte más difundido es la demostración de la presencia del Tahuantinsuyo en la cuenca del Maipo-Mapocho, tesis conocida como Mapocho incaico.