Ayayai La ventana era corta, por lo que la eficiencia era clave. Tras la incertidumbre, decidimos dar el pegue confiando en nuestras capacidades y esperando que la ventana aguantara estable por el mayor tiempo posible.
Los primeros largos eran conocidos, por lo que avanzamos rápido en los tramos fáciles a excepción de los artificios. En este punto, se nos presentó el “Diedro Rojo”, donde Cris sacó lo mejor de sí para superarlo sin mucha dificultad y terminar liberándolo.
Ya sabíamos que lo más difícil estaba hecho, ahora era cosa de tiempo y resistencia. Largo a largo dimos todo de cada uno, disfrutando de una escalada algo más fluida y fácil, considerando que desde ahí era un pegue a vista.
Llegamos a la Cumbre cerca de las 20 horas y empezamos los rapeles unos 15 minutos después. Llegamos al hombro con luz, pero la inestabilidad de la ventana nos complicó la bajada demorando mucho por el viento y chubascos. Ya en el piso, fuimos a nuestra carpa a descansar, celebrar por el sueño cumplido y a seguir soñando con más pegues en el parque.
Total de ascensiones: 1