Torres del Avellano: consejos y opciones para explorar uno de los rincones más indómitos de Aysén

Torres del Avellano es un lugar que comienza a despertar interés entre quienes buscan experiencias de trekking en entornos distintos. En la extraordinaria región de Aysén, este recorrido conduce a un mirador rodeado de glaciares, lagunas de intensos colores y un frondoso bosque nativo, coronado por imponentes torres graníticas que destacan por la composición de su roca y sus paredes verticales. De la mano de nuestros amigos de Ladera Sur, en esta nota reunimos consejos y excelente información para quienes se interesen por este destinto.

Mirador Torres del Avellano. Desde el punto culmine de la ruta se tiene esta espectacular vista de parte del conjunto de torres graníticas que conforman las Torres del Avellano. Foto por Carmen Gloria Barrera y Cristian Orozco.

Si de la Patagonia chilena se trata, siempre hay más de una opción para recorrerla, introducirse en sus cautivantes paisajes y fusionar la fascinación por la naturaleza con el deporte aventura. Entre los bellos ecosistemas que coexisten en la Región de Aysén, se asoma el mirador Torres del Avellano.

José Antonio Mena, director de Andeshandbook, comenta que es un lugar de gran belleza que aún está por descubrirse. Pero, ¿cómo planear un viaje a un paisaje indómito como este? Además de revisar la descripción de la ruta disponible en Andeshandbook, Mena recomienda conversar con personas que ya hayan realizado el recorrido o, en su defecto, leer atentamente los comentarios y experiencias compartidas por otros usuarios. Para él, «“todavía es territorio de aventura, con rutas donde la mayoría de las personas que van tienen una experiencia única

Felipe Howard, director de Latitud 90 y Ladera Sur Adventure, se internó en estos caminos montañosos durante 2025 y conoce de primera fuente las exigencias de una ruta remota que no cuenta con señal telefónica.

Arriba: Mallín El Alto. uno de los puntos más altos de la ruta, y divisoria de aguas en el sector. Foto por Daniel Pérez, diciembre de 2018.

Abajo: Torres del Avellano en otoño. Cortesía de Felipe Howard.

Torres del Avellano se encuentra relativamente cerca de Villa Cerro Castillo, lo que facilita tanto el acceso como la salida del área. Sin embargo, esta cercanía no debe confundirse con que el recorrido sea fácil técnicamente.

Tanto Howard como Mena coinciden en que se trata de un sendero que exige preparación, estudio previo e intuición. José Antonio enfatiza que no es una ruta para improvisar: “Tú tienes que llevar teléfono satelital o un dispositivo con mensajería satelital. Tienes que conocer súper bien la ruta o haberla estudiado muy bien, tener el track e, idealmente, conversar con alguien que ya lo haya hecho. Es clave hacer una buena investigación para que las cosas salgan súper bien y sea puro disfrute, porque te vas a encontrar con un lugar donde los senderos no están marcados o están poco marcados; la naturaleza hace de las suyas”.

Foto hacia el Norte, diciembre de 2018. Foto por Daniel Pérez

Esta advertencia refuerza la idea de que Torres del Avellano no es solo un mirador de gran belleza, sino una experiencia de aventura en estado puro, donde la planificación y el respeto por el entorno son tan importantes como el entusiasmo por explorarlo. En esa misma línea, comentarios de usuarios en Andeshandbook advierten que, en algunos sectores, la vegetación ha crecido de forma exuberante, llegando a cubrir tramos del sendero, lo que vuelve aún más relevante una preparación minuciosa.

El factor climático: ¿cómo decidir en qué época ir?

La mejor época para visitar Torres del Avellano va desde fines de la primavera hasta comienzos del otoño. Aunque el período ideal se concentra entre diciembre y marzo, cuando las temperaturas son más altas y los días se extienden hasta bien entrada la noche, también es posible realizar el trekking en otoño, una estación que ofrece paisajes especialmente atractivos. “Yo fui en otoño, una época muy linda por los colores del bosque nativo, con amarillos, naranjos y rojos”, relata Felipe Howard.

Durante el verano, si bien las condiciones son más cálidas, se recomienda evitar las primeras semanas de enero debido a la proliferación de tábanos y coliguachos, además del florecimiento de cadillas o achupallas, que pueden volver el recorrido incómodo. Desde Andeshandbook advierten, además, que el clima en estas zonas australes cercanas al Pacífico es altamente variable e impredecible, por lo que siempre se debe ir preparado para cambios bruscos durante el día.

Torres del Avellano en otoño. Cortesía de Felipe Howard

Las rutas de acceso: más de un camino hacia las Torres del Avellano

Para quienes viajan en transporte público, es posible tomar buses desde Coyhaique hacia el sur descender en el sector El Manso, específicamente en el cruce hacia la ruta X-727, desde donde se puede iniciar la caminata.

En vehículo particular, el acceso principal se realiza desde Coyhaique por la ruta CH-245 hasta empalmar con la Carretera Austral (Ruta 7) en dirección sur, lo que permite llegar a Villa Cerro Castillo. Desde allí, el ingreso más utilizado es por el sector del lago Lapparent, a través de caminos secundarios que confluyen en las rutas X-723, X-725 y X-727. Debido al estado variable del camino y a la presencia de portones y sectores rurales, se recomienda el uso de vehículos altos o 4×4 y avanzar con precaución, respetando siempre a los habitantes del sector.

Existen distintas alternativas de acceso según el punto de ingreso y el nivel de tránsito. La ruta por el lago Lapparent es la más frecuentada en verano, mientras que el ingreso por Bahía Murta, en el sector sur, ofrece una experiencia más solitaria. “El ingreso por Murta es bastante menos concurrido, pero también exige más atención en la navegación”, explica Howard, quien destaca que el sendero no está completamente marcado y obliga a leer el terreno de forma constante.

Torres del Avellano en otoño. Cortesía de Felipe Howard

En Andeshandbook se encuentra el detalle técnico completo del recorrido, incluyendo tiempos, distancias y la descripción de hasta cinco jornadas, con indicaciones específicas sobre cruces de ríos y progresión en terreno. Tal como describe Howard, en el camino “subes, bajas, cruzas un río, luego otro, todo con mucho desnivel”. Es un esfuerzo que, coinciden, se ve ampliamente recompensado por el paisaje.

El bello mallín La Plaza. Foto hacia el Sur, diciembre 2018. Daniel Pérez.

Más allá del acceso elegido, las rutas hacia Torres del Avellano atraviesan territorios que conservan un carácter prístino, donde el trekking se vive como una exploración más que como una caminata convencional. Planificar el itinerario, informarse previamente y respetar los acuerdos con propietarios y organizaciones locales resultan fundamental para resguardar tanto la seguridad de quienes visitan el lugar como la conservación del ecosistema.

Duración recomendada y ritmo del recorrido

Si bien es posible realizar el trekking en pocos días, Felipe Howard recomienda tomarse el tiempo necesario para disfrutar el entorno sin apuros. En su experiencia, el grupo debió acortar la travesía, dejando el campamento armado y subiendo sin carga hasta las torres. Sin embargo, su recomendación es considerar al menos cuatro días:

“Yo recomendaría estar un día más y aprovechar harto rato en la base de las Torres del Avellano”, señala, destacando el carácter glaciar del paisaje y la presencia de lagunas de intensos tonos esmeralda, verde y turquesa. Este último tramo puede resultar exigente, sobre todo si se realiza con carga, por lo que planificar bien el peso y el ritmo es clave».

Más allá del acceso elegido, las rutas hacia Torres del Avellano atraviesan territorios que conservan un carácter prístino, donde el trekking se vive como una exploración más que como una caminata convencional. Planificar el itinerario, informarse previamente y respetar los acuerdos con propietarios y organizaciones locales resultan fundamental para resguardar tanto la seguridad de quienes visitan el lugar como la conservación del ecosistema.

Torres del Avellano en otoño. Cortesía de Felipe Howard