Las que habitan la montaña en Chile

Desde Dorly Marmillod, primera mujer en coronar el Nevado Juncal en 1938, hasta la cordada chilena y femenina que llegó al Everest en 2001: cada vez son más las mujeres que se suman a la montaña y se sienten cómodas en este entorno, incluso en las condiciones más extremas. Una tendencia que también se manifiesta en Chile y en el mundo.

Conversamos con seis mujeres que actualmente viven la montaña de formas distintas —como guías, deportistas, docentes, madres— sobre lo que las motiva, los obstáculos que aún enfrentan y qué les dirían a las que recién empiezan.


Ya sea porque algunas encuentran en ella un lugar de trabajo, un terreno ideal para la práctica de deportes al aire libre, a modo de terapia o por el simple hecho de ir de forma recreativa: hoy la montaña está siendo un espacio de pertenencia para las mujeres.

Pero no siempre fue así.

Si retrocedemos un poco en el tiempo, tenemos un par de pioneras que comenzaron, poco a poco a abrir huella en esta historia…

Además de ser un lugar para desafíos personales y colectivos, la montaña se ha convertido en un lugar de conexión y encuentro. Foto: Encuentro Mujeres de Montaña

Vienen a mi cabeza nombres como Dorly Marmillod, de origen suizo, que por cosas de la vida tuvo que dejar su tierra natal para llegar a vivir, junto a su esposo y a sus hijos, a un país lleno de montañas, de las cuales ya eran unos apasionados. Dorly, entre muchas otras hazañas, se convertiría en la primera mujer en subir emblemáticas cumbres como el Nevado Juncal en 1938 y el Alto de Los Leones en 1939. Con esta última se ganaría el respeto de otros montañistas nacionales y sería invitada a formar parte del Club de Andinismo de Chile, en años en los que incluso en Suiza, su país natal, estaba prohibido el ingreso de mujeres (restricción que duraría hasta los años 80).

Salto cuántico en el tiempo.

60 años después, el protagonismo de mujeres en la montaña en Chile tomaría otro giro. El año 2001 un grupo conformado por las montañistas Patricia Soto, Cristina Prieto y Vivianne Cuq sería la primera cordada femenina que lograra la ascensión al monte Everest, el techo del mundo. La expedición se llamó “Chilenas en el Everest”, que luego se plasmó en un libro inspirador que, además, puedes encontrar en la tiendita.

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Y en la actualidad, ¿qué está sucediendo?

Conversamos con seis mujeres que frecuentan la montaña: Isidora Montecinos, Eileen Nieva, Sofía Gutes, Ivonne Calderón, Ximena Vera y Karina Putz, quienes nos contaron sus pasiones, motivaciones y obstáculos que enfrentan cada día cuando van a la montaña.

La planificación y la logística es algo que no debe faltar en cualquier salida a zonas agrestes. Foto Encuentro Mujeres de Montaña

Los primeros pasos hacia la cordillera

Las entrevistadas coinciden en varias cosas. Primero, a todas la montaña les rememora, de cierta manera, su infancia. Por muy sutil que fueran sus primeros contactos con la montaña, todas partieron admirando la cordillera cuando eran apenas unas niñas.

Ximena Vera, actual docente del Diplomado de Montaña del Duoc Villarrica, recuerda que desde muy chica su vida estuvo ligada a la montaña. Su padre trabajaba en la Escuela de Montaña del Ejército en la localidad de Río Blanco, región de Valparaíso. Junto a sus hermanos, lo veían organizar expediciones, salir con mochila, volver lleno de historias, algo que fascinaba a cualquier niño o niña.

Sofía Gutes, guía de turismo aventura, recuerda que sus primeros encuentros con la montaña, consistieron en visitas junto a su madre y su abuela a cerros de poca altura, pero donde experimentó gran conexión y sensación de bienestar, lo cual la llevó más adelante a trabajar al aire libre. Karina Putz, guía de montaña en el volcán Choshuenco, tuvo una experiencia similar: comenzó a acercarse por su papá, quien la llevaba a cerros como el volcán Villarrica, desde muy temprana edad y de manera muy amateur. Para Eileen Nieva, sus primeros pasos en ambientes de montaña también fueron visitando Parques Nacionales y algunos cerros junto a su familia, probablemente el caso de tantos chilenos que hoy viven la montaña. Eran otros tiempos.

La montaña no siempre es solo un desafío, también puede ser un espacio de disfrute y relajación cuando las condiciones y el ambiente lo permite. Foto: Encuentro Mujeres de Montaña

Generando espacios para y por mujeres

Es cosa de ver las estadísticas. Incluso en Andeshandbook hemos podido observar como la montaña está siendo visitado por más y más mujeres. Cordadas compuestas solo de chicas motivadas, convencidas de que se la pueden, a pesar de los obstáculos. Otro tema que tocamos fue sobre algunos problemas que deben superar las mujeres en ambientes que, hasta ahora han sido dominados por hombres.

Isidora Montecinos, deportista y escaladora, comenta que en Chile tenemos muy pocos referentes femeninos en montaña y eso hace que como mujeres nos pongamos muchas barreras mentales de lo que podemos o no podemos hacer, de lo que la sociedad espera de nosotras y que “tener que demostrar que podemos hacer algo es un gasto de energía impresionante”. Karina Putz, también lo describe como un obstáculo que a veces tengamos que sacrificar nuestra propia felicidad haciendo algo que nos gusta, para hacer lo que otros esperan de nosotras y, aunque suene como una idea vaga, es cien por ciento real y más habitual de lo que se habla. Casi como tabú.

Otra historia es si además de mujer, eres mamá. Ahí los tiempos y la logística aumentan nivel experto. Bien lo sabe Eileen Nieva, quien con un tono de cierta nostalgia relata que desde que es mamá no va tanto a la montaña como en verdad le gustaría hacerlo, ya que coordinar los tiempos de la maternidad y el trabajo es ya bastante dificultoso. Aún así, la motivación la mantiene superando estos desafíos.

Cada vez se están generando instancias destinadas a mujeres que buscan compartir con otras su pasión por estos espacios. Foto: Encuentro Mujeres de Montaña

En pleno 2026 ya sabemos que hombres y mujeres pueden desempeñar mismas tareas, mismos oficios, sin ser el género un factor limitante y, sin embargo, la manera en como hacen las cosas ambos géneros a veces son tan distintas como enriquecedoras, o abrumadoras, dependiendo del lado que se quiera mirar.

De todas maneras, aún son pocas las mujeres en comparación a la cantidad de hombres, que van a la montaña y, mayoritariamente, los grupos organizados de montaña tienden a estar compuestos de varios hombres y una que otra mujer. Ivonne Calderón, guía de turismo, describe que ser mujer de montaña en Chile es un desafío, pero que este desafío puede ser mucho más llevadero si se realiza en comunidad, sobre todo compuesto de mujeres, con amigas que te inspiran y que te empujan, con palabras de aliento y de confianza

Hoy, en Chile se hacen algunos encuentros de mujeres, amantes de las montañas, aficionadas, apasionadas y profesionales, todas van a un encuentro único que seguramente será enriquecedor, como el encuentro de Mujeres de Montaña que se realizará los días 28, 29 y 30 de agosto en la Reserva Nacional Mocho Choshuenco y donde se enseñarán técnicas para desenvolverse de manera segura en la montaña en un ambiente de respeto mutuo, disfrute y aprendizaje.

Estas instancias son un punto de partida para quienes quieren hacer redes, conocer futuras cordadas con las que ir a la montaña, y sentirse más segura y con más confianza para poder ir a zonas agrestes sin tener que buscar la aprobación o el conocimiento de otra persona.

Consejos para las futuras generaciones

Si hay una respuesta que se repitió, prácticamente de manera unánime fue “¡atrévanse!”. Ir a la montaña no siempre es fácil, no siempre están las condiciones perfectas, pero si no lo intentas, nunca sabrás qué habría pasado.

La mayoría de las chicas repitió la consigna de seguir los sueños, seguir el corazón, hacer eso que te hace feliz, si los deportes de nieve son tu pasión y quieres vivir de ello, ¡hazlo!, porque no hay nada más lindo que hacer algo que uno disfruta. Además, Karina, Ximena, Ivonne y Sofía comentaron que les encanta transmitir este amor por las montañas, por la naturaleza y que es importantísimo transmitirlo, enseñar lo que se sabe, compartir el conocimiento para que más personas puedan disfrutar de las bondades que ofrece la vida al aire libre.

Karina Putz guiando a unas entretenidas chicas.

El mismo atrevimiento que llevó a Dorly a subir el Juncal en 1938 es el que hoy necesitan las mujeres para derribar las barreras mentales y sociales y seguir sumándose, cada vez con más fuerza, a las montañas que nos rodean.