Logramos alcanzar la cumbre del Volcán Ojos del Salado (6.893 msnm), el techo volcánico del mundo. Más allá de la altitud y la dureza del terreno, esta expedición fue un testimonio de trabajo en equipo y resiliencia.
Nuestra estrategia se basó en una progresión sólida. Tras una última jornada de aclimatación alcanzando los 6.300 msnm, decidimos omitir el ascenso al Cerro San Francisco para concentrar todas nuestras energías en el objetivo principal. El ataque a cumbre comenzó de madrugada, enfrentando las temperaturas extremas y el viento característico de la Puna de Atacama.
Como montañista con discapacidad, este ascenso tuvo un significado profundo. Demostró que las barreras físicas se vuelven relativas cuando se cuenta con una cordada de hierro. Subir junto a mi hermano y tres grandes amigos fue el motor que me permitió negociar cada paso en los tramos más técnicos y extenuantes de la ruta.
El ascenso no fue solo un reto deportivo, sino una lección de inclusión y fraternidad. En la montaña no hay etiquetas, solo hay compañeros que se cuidan y avanzan juntos hacia un mismo sueño.
Agradecemos a la montaña por darnos el permiso de estar en su cima y a todos los que creyeron en este proyecto. La discapacidad no define el límite; el límite lo pone el horizonte que estemos dispuestos a buscar."