Volcán Llullaillaco – Apu “Aguas Calientes”
Segundo volcán activo y santuario arqueológico incaico más alto del mundo.
Cinco días bastaron para que el desierto más árido del planeta nos recordara que la altura no se regala: se conquista paso a paso, litro a litro, respiración a respiración.
Estariamos solos. Mientras otras cordadas regresaban, nosotros montábamos el primer campamento a 4.800m. Desde el vehículo ya se intuía la exigencia, el camino no era amable. Y fue así: portear no solo equipo y comida, sino el agua que sostendría cada jornada. Mochilas pesadas, aire escaso, el corazón marcando el ritmo. Cada metro de desnivel era un pequeño triunfo.
Subimos a 5.350 m, luego a 5.700 m. Desde ese último campamento, el desierto se abría infinito y los penitentes —afiladas esculturas de hielo milenario. Por nuestra parte preferimos buscar por la izquierda y paso a paso en el glaciar ir navegando en el.
La cumbre no fue un regalo. Fue dura, áspera, interminable. Al rozar los 6.700 metros una nube comenzaba a acercarse, recordándonos que aquí nada está asegurado. Quedaban los últimos metros: con un trepe que nos dejaría una increíble vista.
El techo de la Región de Antofagasta nos recibió con una energía distinta, profunda. El Apu, guardián ancestral, permitió que vibráramos en lo más alto. Gratitud absoluta. Pero la montaña siempre enseña que subir es solo la mitad del viaje: tocaba descender, regresar al campamento, abrazar el descanso y volver a casa.
Bajamos con todo lo que subimos, incluso lo que otros dejaron. Porque honrar la montaña también es cuidarla.
Gracias a la cordada, por la confianza, la organización y el cuidado mutuo. No es solo alcanzar la cima, tambien quienes te acompañan.
Total de ascensiones: 57