Salimos temprano desde el Hotel Valle Nevado, con buen clima y ritmo constante. El sendero es claro, con pendientes largas que te obligan a regular bien el paso para no quemarte antes de tiempo. A medida que ganas altura, las vistas se abren fuerte hacia el Plomo, Altar, Leonera y todo el cordón andino, de esas panorámicas que te obligan a parar aunque no quieras.
La subida final se siente: altura, viento y piernas, pero es directa y mental. La cumbre del Pintor siempre pega distinto, amplia, con sensación real de cordillera alta. Arriba, tiempo justo para hidratar, comer algo y disfrutar la vista, sabiendo que aún queda todo el descenso.
La bajada fue rápida, cuidando rodillas y concentración, cerrando una jornada larga pero limpia, de esas que te dejan cansado y feliz al mismo tiempo.
Total de ascensiones: 1228