Lo realice por el día. Inicié el ascenso de madrugada, con el cielo despejado y temperaturas bajo cero desde los primeros metros. El ritmo fue constante y controlado, sabiendo que la jornada sería larga y exigente. A medida que ganaba altura, el paisaje andino se volvía más imponente y el aire más delgado comenzaba a hacerse sentir. El tramo final fue el más duro: pendiente sostenida, frío intenso y el esfuerzo propio de la altitud, pero cada paso valía la pena. Al llegar a la cumbre, la vista fue sobrecogedora: la cordillera infinita, Santiago a lo lejos y un silencio absoluto que imponía respeto.
Total de ascensiones: 1324