En abril del año 2024 la cordada chilena compuesta por Víctor Zavala y Sebastián Pérez lograron el sexto ascenso a la esquiva cumbre del cerro Paine Grande ubicado en el Parque Nacional Torres del Paine. He aquí el relato en primera persona de uno de los protagonistas de la hazaña.
Como si del mar se tratase, las olas rugían y competían por cuál era la más grande, ayudadas por las fuertes rachas de viento que soplaban.
El Lago Grey cobraba vida y parecía que nuestra expedición no podría comenzar, aún tomando la navegación Grey, para así aprovechar la ventana que se aproximaba y que estuvimos esperando durante meses.
Afortunadamente, ¡zarpamos!
Mientras la embarcación se movía fuertemente de arriba hacia abajo, veíamos a lo lejos el objetivo de esta oportunidad: el Paine Grande.
Algo mareados, desembarcamos y descansamos cómodamente en el Refugio Grey: comida servida, una cama, electricidad y hasta internet teníamos, cosa que nosotros considerábamos un lujo para el lugar donde estábamos, mientras que para otros parecían ser parte de las necesidades y servicios básicos.
Dejamos el refugio, comienza la aventura
La aproximación para el primer campamento era larga en términos de tiempo, algo así como 7 u 8 horas, además de su gran desnivel (1500 metros), pero carecía de dificultad técnica.
Seguimos la intuición para continuar por la ruta, que sumada a los consejos que nos habían dado expedicionarios previos eran clave para comprender por donde debíamos caminar.

La tormenta no cesaba, fuertes vientos soplaban y unos cuantos centímetros de nieve habían caído la noche anterior. Armamos la carpa y nos zambullimos dentro, como si fuera a salvarnos de la tempestad del exterior.
Un fuerte rugido se escuchaba de fondo, pensé que era una cascada, hasta que el Seba me dijo que era solo el viento que silbaba por la canaleta.

Al día siguiente, permanecimos en la carpa, donde el sol no alcanzaba a llegar en ningún momento del día y el viento más arriba se escuchaba como una sinfonía que nos estaba echando del lugar. Por lo tanto, esa jornada nos dedicamos a explorar la zona circundante y planear la ruta a seguir para el día siguiente.
Ventana y ¡al ataque!
Para llegar al campamento alto, en una zona denominada “plateau” debíamos superar algunas de las varias canaletas presentes. Algunas personas nos comentaron que era mejor tomar la llamada “escalera mecánica”, otros, que nos fuéramos más por la derecha…
Finalmente decidimos en terreno y en base a nuestra experiencia: tomaríamos una canaleta que iba por el medio, canaleta que resultó tener 80 metros de escalada mixta (M3), que no presentaba mayor dificultad.

Llegando al “plateau” podíamos ver las distintas cumbres del Paine Grande. En este punto, Sebastián ya había cumplido todos sus sueños.
Fijamos la carpa al hielo con abalakovs mientras él buscaba vestigios de expediciones anteriores. Al rato, se encontró con una cuerda, una carpa y otros elementos que mezclándose con la nieve y hielo no nos permitía dilucidar cuánto tiempo llevarían ahí.

Meses más adelante sabríamos que eran herramientas de Rodrigo Traub, en uno de sus intentos al Paine Grande en solitario, donde permanecía meses en la montaña esperando el momento correcto, sufrió un accidente teniendo que abandonar parte de su equipo.

¡Vamos por esa cumbre!
Comenzamos el ataque a cumbre de madrugada con Sebastián. A las cuatro de la mañana ya estábamos caminando lentamente por una nieve polvo que nos impedía comenzar con la escalada y cruzar la rimaya. Mirando el cielo, en un momento veo un aro deslumbrante y le pregunto al Seba de que se podría tratar, pero ambos no tuvimos respuesta, duró un par de minutos y desapareció repentinamente sin dejar rastro. “Aliens” pensé en mi cabeza.

Los primeros largos de escalada en hielo no nos presentaron mayor dificultad, estimábamos que pasado el mediodía ya podríamos estar disfrutando de una vista inigualable al Parque Nacional Torres Del Paine, pero no podríamos estar más errados.
Fue en ese momento que me di cuenta de nuestro error, cuando le dije a mi cordada, “tenemos que hablar“. Recién íbamos en un poco de más de la mitad de la ruta y había que tener claro que, de continuar, volveríamos con los últimos rayos de sol, además de que el viento aumentaba progresivamente, acercándose en ese entonces a los 40 o 50km/hr.
Sin embargo, Sebastián no dudó y continuamos con el objetivo.
Paredes de hielo verticales que llegaban hasta los 90 grados (AI5) nos hacían avanzar lentamente, además de una calidad de hielo horrenda que nos obligaba a tener que picar el hielo en reiteradas oportunidades en un mismo sitio, agotándonos más de la cuenta.

Ya llegando al último largo, nos dimos cuenta que casi no teníamos ninguna foto ni video, estábamos tan concentrados en lo que estábamos haciendo que lo habíamos olvidado por completo. Ahora sí, le pusimos play y registramos parte del último tramo. Ya eran casi las ocho de la noche, donde a mí me tocaron los últimos 40 metros de escalada.
En los últimos 20 metros, el viento me pegaba de lleno, de manera insoportable, las cuerdas cobraban vida, el casco trataba de escaparse y mis labios se daban vuelta, haciendo la escalada una tortura.

El Seba me gritó en reiteradas oportunidades, pero jamás logré escucharlo. Poniendo entre tornillos y estacas de nieve, solo me faltaban 10 metros, los cuales no pude poner ninguna protección por la mala calidad de la nieve.
Fatigado, con unas rachas de viento que impedían escalar, y ya casi en plena oscuridad, logré llegar a la cumbre, pero no estuve ni cinco segundos y ya me encontraba desescalando. No tenía ningún elemento para armar una reunión y subir al Seba, tampoco para descender rapelando. Las condiciones eran paupérrimas y solo quería salir de ahí.
En uno de los tramos, resbalé y caí un par de metros, siendo contenido por un tornillo de hielo de 13cm.
El Seba me dijo que abandonara los tornillos de hielo y que nos fuéramos, pero persistí en mi desescalada. Ya unidos, concordamos en que teníamos que irnos, a pesar de que él no alcanzara a subir, como equipo lo habíamos logrado.
Los rapeles se volvieron eternos, el viento no cesaba y ahora venía acompañado de nieve que se sentía como pequeños alfileres en la cara. La visibilidad era escasa, el retorno al campamento fue todo menos agradable o fácil, pero luego de 24 horas estábamos de vuelta en nuestro pequeño pedazo de tela que a veces llamamos hogar.
A pesar de todo, no podíamos estar más contentos, al igual que cansados.

Una vez realizado el descenso, disfrutamos de la Navegación Grey y sus glaciares, viendo a lo lejos la montaña más alta del parque, pensando, ahí estábamos.
Una montaña que ha tenido numerosos intentos, con mucha historia por detrás y que jamás miraremos en menos, como quizás alguna vez lo hice en un principio.


Como lo señala Zavala, hacer cumbre en esta montaña no es fácil. Michos lo han intentado, incluso varias veces, pero solamente seis cordadas se llevan el ascenso íntegro hasta la cumbre. Felicitamos a estos chicos por hacer historia en el mítico Paine Grande.
Otros lugares para visitar en el Parque Nacional Torres del Paine
Próximamente… la ruta en Andeshanbook
Víctor Zavala ha sido un usuario y colaborador asiduo en Andeshandbook y pronto estará la ruta de este ascenso en los registros de nuestra plataforma. Quédate atent@ a las novedades. OJO, ¡sólo para experimentados!