Aventura invernal en el Altar Falso (4.549 m.)

En la teoría falta poco, pero en la práctica ya llegó el invierno a la capital y para inspirarte de buenas ideas te dejamos este relato del ascenso invernal de la temporada pasada en el Cerro Altar Falso (4.549 m) a cargo del montañista Chris Madrid, quien subió el macizo en solitario y por el día por la ruta Canalón Suroeste.


Esta montaña estuvo en mi lista de deseos durante muchos años.

Pasé decenas de veces corriendo a sus pies, y la observaba con admiración y respeto. Sabia que para escalarla necesitaba más experiencia y habilidades, especialmente si quería escalarla a mi estilo.

Mapa general del recorrido comenzando y terminando en Villa Paulina.

Comencé sumergiéndome en la historia de la montaña.

Hace muchos años atrás cuando trabajaba en una tienda Patagonia, leía por primera vez sobre esta montaña en el sitio web de Chileclimbers, un articulo que se titulaba: Jimmy Mora: Pared Sur del Cerro Falso Altar ¡¡En solo!! … quedé totalmente enganchado. Yo conocía a Jimmy porque en esos años él era embajador de Patagonia en Chile.

Como muchos, he admirado a atletas y escaladores extranjeros, aquellos que aparecen en películas y que han llevado la escalada a otros niveles; pero antes, yo siempre he sentido una profunda admiración por los escaladores y atletas chilenos, porque muchos de ellos han empujado los limites a punta de pan y agua y de humildes apoyos.

Por eso sentía una profunda admiración por el Jimmy, como por tantos otros, como Nicolás Gutiérrez, Sebastián Rojas, los Señoret y Andrés Zegers.

Habiendo acumulado experiencia y habilidades técnicas, junto con la capacidad de moverme rápido y aguantar largas jornadas en la montaña gracias a llevar muchos años dedicándome al mountain running, me sentía más listo para darle el pegue a esta montaña. Pero lo haría a mi modo, es decir, en solitario, in one push, sin campamentos, desde el auto, hasta la cumbre y de vuelta al auto. Ademàs, esta vez lo haría en invierno.

Uno de los tantos trails en el valle soñando con escalar el Altar Falso. Foto: Nicolás Gantz

A pesar de no ser una montaña muy técnica (a excepción de su cara sur), la montaña tiene fama de ser super intrincada, por ello, su historia revela muchos intentos de ascensos y pocas cumbres exitosas. Ninguna de sus caras es fácil, incluso la ruta normal es super extensa. Yo no quería ir por la normal, inspirado por el Jimmy quería intentar algo parecido, pero no tan difícil, así que busqué otra alternativa y encontré la variante Canalón Sur Oeste abierta por Fernando Fainberg y Elvis Acevedo en 2007, y que según las investigaciones que hice, no tenia repeticiones.

Ellos la escalaron en Septiembre, en un total de 4 días: Villa Paulina – cumbre – Villa Paulina.

Según algunas fotos y su relato, la ruta parecía hermosa, desafiante y compleja, así que me motivaron. Elegí la primera semana de julio para darle el pegue, el pronóstico parecía estable, cielo despejado y el frío ideal para mantener el hielo y la nieve firme.

Así se veían los trepes por el Canalón

El momento había llegado

Partí caminando desde el estacionamiento de Villa Paulina el lunes 06 de julio a las 2 am, en una noche fría pero sin viento.

Uno de los tantos entrenamientos para el objetivo: Altar Falso. Foto por Carmen Wetzel.

Solo llegar a pie de vía requería una caminata de 15 kilómetros con 1.500 metros de desnivel, nada que no hubiera hecho antes, pero ahora seria caminando por nieve profunda, así que sabia que iba a ser una larga lucha. Había calculado unas 5 horas para llegar hasta Piedra Carvajal, que es desde donde parte la escalada, de manera tal de estar a pie de vía a las 7 de la mañana con el sol saliendo para iluminar. Mis cálculos fueron precisos, llegue a eso de las 7:10, me senté a mirar la pared mientras prendía la cocinilla para prepararme un café. No tenia un track para hacer el ascenso propiamente tal, solo sabia que era una de las canaletas de la pared SurOeste que dan hacia Piedra Carvajal.

A punta de instinto me monte en la ladera y comencé metiendo crampones y piolet cuesta arriba. La calidad de la nieve estaba exquisita, a esa hora estaba firme y compacta, por lo que pude moverme con fluidez a pesar de no saber si estaba exactamente en el canalón correcto. Todo el ascenso transcurría entre laderas con buena nieve, canalones cerrados con hielo, grandes paredes de roca y ricas chimeneas mixtas, pura diversión con pasos de hasta V grado, los que pude pasar sin asegurarme.

No había ni el mas mínimo lugar plano para sentarse o en otro caso para un vivac, siempre vertical. Cada vez que creía llegar a la cumbre, aparecía frente a mi otra cresta de rocas del tipo falsa cumbre, muy agotador, pero lo estaba pasando genial, especialmente porque me sentía en un flow exquisito, sin dudar ni en lo más mínimo de mis decisiones, ademàs el pronostico del tiempo había acertado, estaba soleado y sin viento. Como estuve en constante movimiento, nunca sentí frío.

Escalada más técnica y entretenida.

Todo fluía bien, pero no quería descender de noche por la pared, por lo que me esforcé en moverme rápido de manera tal de hacer cumbre y descender antes de que se escondiera el sol.

No lo logré.

Decidir con madurez

Cuando eran cerca de las 6 de la tarde, me detuve para analizar la situación y decidir con madurez entre tres opciones:
1. Abandonaba el intento a la cumbre y comenzaba a descender.
2. Armar un vivac para pasar la noche y hacer cumbre al día siguiente apenas saliera el sol.
3. Seguía escalando a punta de linterna frontal y coraje.

Abandonar casi no era opción, no solo porque no quería desertar, sino que ademas eso iba a requerir múltiples rapeles por la cara sur oeste, por una ruta que no tenia ningún anclaje instalado por lo que tendría que abandonar material: stoppers, cordines, etcétera. Eso no me gusta, más que perder el material, quería evitar dejar rastros en la montaña.

Improvisar un vivac, aunque no iba preparado para hacer un campamento, siempre llevo conmigo una manta de supervivencia y un saco ultraligero. Con eso puedo improvisar un vivac y pasar la noche, ante cualquier emergencia . Pero, en primer lugar no había ningún sitio apto para tirarme y tendría que aguantar 12 horas en esas condiciones, de 7 pm a 7 am del día siguiente cuando saliera el sol para iluminar el descenso. Sin embargo, parecía ser la opción más inteligente y segura, así que armé un pequeño espacio entre la nieve y la roca y me dispuse a intentar dormir.

No aguante ni 15 minutos, entre la incomodidad, el peligro latente a moverme en la noche y caer y el frío. Además, por mi cabeza solo pensaba en las 12 horas en esa posición. Me levante, volví a meter todo en la mochila y me lance a la cumbre.

Mágico atardecer en la cumbre.

Fue uno de los atardeceres más hermosos que he podido vivir en una cumbre, un atardecer anaranjado, mágico y cálido. Había hecho cumbre entre la inmensidad de montañas y glaciares, en solitario y en invierno. Estaba completamente agotado pero la sensación del logro y a la vez mi diminuta existencia en esa inmensidad me dieron un golpe de humildad y un hermoso regocijo de felicidad plena.

Un par de fotos, un video y comenzar el descenso.

El descenso sería por la Ruta Normal, descendiendo hacia el Este o por la Cara Norte.

Desde la cumbre el descenso por la ruta normal no se veía para nada fácil, pero ese no era el problema, el problema es que le añadía varios kilómetros más al descenso y ya me bastaba con los 18 kilómetros de caminata que me esperaban una vez que saliera de la pared, para llegar a Villa Paulina, así que decidí comenzar a asomarme por la Cara Norte, que es también por donde habían descendido Fainberg y Acevedo en 2007. En su relato describían el descenso como una especie de juego de suerte, donde la idea era darle a alguna canaleta que cayera continua hasta el final del valle, de manera tal de no encontrarse con alguna pared que tener que rapelar. Eso era un juego entretenido, pero desgastante, porque devolverse no era opción.

La luna estaba a mis espaldas y recuerdo que cada 10 pasos giraba la mirada hacia ella con una sonrisa a modo de agradecimiento. Por mientras las alucinaciones se hicieron más evidentes, las sombras que se producían entre las rocas y el hielo aparecían en mi mente como seres vivos que curiosos observaban a este mono caminando como zombie. Me reía de cansancio.

Salí del valle justo frente al Mirador del Glaciar La Paloma, me senté en una roca y saque la cocinilla para derretir agua para hidratarme, seria la ultima parada, de ahí en delante era mandarle fuerte y derecho hasta Villa Paulina.

Ese descenso se me hizo eterno, me caía de sueño, así que decidí que cada cierto rato me metería en algún boulder, sacaría el saco de dormir y me pondría unas micro siestas. Así lo hice, no recuerdo cuántas veces, pero por los tiempos que hice en el total del descenso calcule que debo haber hecho unas 4 micro siestas de 10 minutos cada una. Llegué a Villa Paulina, agotado fisicamente pero con una felicidad que es realmente imposible de explicar. Lo había logrado, estaba sano y salvo.
Partí en Villa Paulina el lunes a las 2 am y regresé el martes a las 4 am. 26 horas de actividad. 32 horas sin dormir.

Quiero agradecer al Jimmy Mora por su visión y por haber sembrado la motivación y a Fernando Fainberg y Elvis Acevedo por tan linda ruta abierta.

Gracias a mi Anja por apoyar y aguantar mis escapadas, al lindo equipo de guardaparques de Yerba Loca y las familias Garmin, La Sportiva, Patagonia, Sea To Summit, Carpas Tribu.

Último acarreo a la cumbre.

Antes de ascender esta montaña, debes informarte en el siguiente link:


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