Eduardo Mondragón, montañista.

A la edad de 21 años comenzó a escalar en su país natal y de ahí no pudo parar hasta el día de hoy, ya con una importante trayectoria y logros deportivos, Eduardo nos cuenta sobre su vida entre naturaleza, montañas, aventuras y pedagogía.
Quedamos con Eduardo en un agradable café en Pucón. El día lluvioso invitaba a entrar y tomarse una taza de algo caliente para capear el frío, llegué a tiempo para pedirme un chai y preparar la entrevista que habíamos acordado un par de semanas antes. Su apretada agenda entre salas de clases y montañas varias no había permitido un encuentro previo.


Comenzamos hablando de un tema apasionante para él, para mí y para todos los seguidores de Andeshandbook: La montaña.


AHB: ¿Qué es lo que te motivó a ser montañista, vivir de la montaña?

EM: El contacto con la naturaleza, el silencio en general que uno puede encontrar en las montañas.


AHB:¿Qué te produce el silencio que encuentras en la montaña?

EM: Tranquilidad, simplemente me permite fluir tranquilamente, estar relajado.

 

AHB: ¿Qué es para tí el montañismo?
Una filosofía de vida. Es un tipo de vida donde lo material no tiene importancia, donde la imagen no es importante, para algunos. Para otros sí. Hay gente que sí le importa la imagen en la montaña: la ropa que llevas, el equipo, si sales o no sales en las revistas, si yo soy el mejor o el peor; esas cosas. Para mí, al ser una filosofía de vida, vivir desconectado de la sociedad, del consumismo.


Pese a lo escueto que es al momento de responder sobre sus sentimientos hacia la montaña, en sus ojos veía esa pasión única de cuando se está hablando de lo que te impulsa a levantarte diariamente de la cama. Quise saber más sobre sus inicios en la montaña.


AHB: ¿Qué  actividades realizabas antes de dedicarte de lleno a la montaña?

EM: Corría, iba al gimnasio, nadaba. Cuando empecé tenía como 21 años, justo había terminado la universidad aquel año. Estaba estudiando Ciencias Económicas, que ejercí durante 10 años. Lo importante de esto es que luego, como 5 o 6 años más tarde me encontré un amigo de infancia y me dijo: "oye tú, ¿qué estás haciendo acá?" y le dije, "estoy escalando, voy a la montaña" a lo que él me respondió : "a lo mejor tú no te acuerdas pero cuando éramos pequeños, por ahí por primero básico tú me dijiste "oye, vi la foto de un tipo así como con una máscara subiendo a la montaña, yo quiero hacer lo mismo...". Entonces, posiblemente me gustó porque el gusanito ya lo llevaba adentro desde pequeño.


Viniendo de un continente lejano y donde la escalada y el montañismo ha sido practicado por generaciones, quise saber sobre sus pretensiones al venir a Chile, siendo un incipiente país subdesarrollado, donde el montañismo era sólo practicado por indígenas o por europeos allegados de las guerras mundiales.


AHB: ¿Por qué decidiste venirte a Chile?

EM:Vine por trabajo en el año 1999. Trabajaba en Ucrania y me dijeron que tenía que trasladarme y dije ¿dónde me puedo ir? Sudamérica. Miré Buenos Aires, Argentina y ahí me di cuenta que estaba muy lejos de las montañas y mirando Los Andes (la cordillera) vi un país alargado que no le cabía el nombre horizontal y estaba en vertical, agarré la carta y leí "chi-le" y vi Santiago de Chile. Llamé y me dijeron "ah, hace falta una persona" y a los 15 días estaba acá.


AHB: ¿Cuáles fueron las primeras montañas que visitaste acá en Chile?

EM: En aquella época hacía muchas cosas, el primer lugar al que fui creo que fue el Colgante del Morado, bello lugar, con un compañero alemán con el que escalamos mucho durante aquellos años. Ese está entrando por el valle del Arenas, donde actualmente está AltoMaipo, más arriba a mano izquierda, por donde está la laguna El Morado. Un poquito más arriba está el Mesón Alto. Al otro lado tienes el Yamakawa, el Cortaderas, el Loma Larga y todas esas cosas. Pero fue ahí, en el valle del Arenas.


El Cajón del Maipo es un imponente sector de montaña en nuestro país, poseedor de impactantes y asombrosas cumbres que emocionan al andinista que lo visita. El volcán San José, el valle de La Engorda, los incontables sectores de escalada y el hermoso grupo Morado cautivaron a Eduardo Mondragón, responsable de varias rutas de escalada deportiva en el sector de Torrecillas II. Le pregunté sobre esta experiencia.

 

  


AHB: ¿Cómo fue la experiencia de equipar Torrecillas?

EM: Fue una buena experiencia, Torrecillas II. En aquella época equipábamos mucho.

La primera ruta que abrimos con Martin (Waldhoer) en Torrecillas, donde llegamos. Íbamos a escalar y por algún motivo no escalamos y nos fuimos a caminar por atrás de Torrecillas por lo que actualmente es Torrrecillas II y bajamos por el otro lado y miramos la pared y dijimos "a ver si se puede subir" y empezamos a subir, a subir, a subir, así sin arnés ni nada. Al final llegamos arriba, miramos y dijimos "creo que nos hemos pasado". Esa ruta creo que se llamó "Os queda poca vida". Bueno ahí me di cuenta que con los años te haces más prudente.


AHB: ¿Hay alguna montaña que te haya marcado, que recuerdes con cariño?

EM: Hay dos montañas que en verdad sí me acuerdo. Una es Pedraforca en Catalunya, donde aprendí que uno no se debe sacar los crampones cuando estás escalando en invierno, porque me saqué los crampones, empecé a escalar en roca y en la roca había hielo y lo pasé mal, pasé miedo.


La otra es una montaña en Perú llamada Cayesh, en la cordillera Blanca, con Andrés Zegers. Es una pared bien dura. Nos obligó a estar muy centrados en la escalada. Estábamos en la cordillera Blanca los dos haciendo distintas cosas y dijo vamos ahí y lo hicimos. Ahí no me saqué los crampones, aprendí que es más fácil escalar por la roca con crampones que sin crampones. Además, hay un cambio de condiciones, volvertelos a poner es imposible y yo creo que estuvimos ahí bien concentrado en el asunto. Todo bien. Fue una buena experiencia deportiva.


Eduardo Mondragón es, además de gran montañista y guía de montaña, profesor e instructor de variadas disciplinas montañeras, como escalada en hielo, roca, deportiva, esquí de pista, esquí de randonée, entre otras.


AHB: ¿Cómo lo haces para compatibilizar la vida en familia y la montaña?

EM: Durante muchos años no tenía familia, por la montaña y un día creo que me di cuenta que dedicarte sólo a la montaña no llena, porque tú acabarás muerto con todos tus récords, tus recuerdos. En cambio con familia, al menos dejas unos Mondragones chicos por ahi que pueden decir "ah, mi abuelo decía esto y decía lo otro". ¿Cómo compagino familia y montaña? según lo que me den las ganas de hacer. Los niños me conocieron así, definitivamente mi mujer también, entonces es lo que hay. Actualmente, voy a la montaña por trabajo, pero lo sigo disfrutando totalmente. Yo no podría trabajar en algo que no disfrutara. Y la montaña es algo muy sacrificado. Por eso también aguanto a mis alumnos (risas).


AHB: ¿Qué consejos les darías a las personas que recién se están atreviendo a salir a hacer trekking o a hacer actividades outdoor?

EM: Básicamente, ir con gente con experiencia que es como lo mismo que tomar un curso, porque la gente con experiencia verdadera, que sabe, o que lleva más años dedicada a esto generalmente sabe más y si sales con ellos siempre aprendes algo nuevo o deberían transmitirte sus conocimientos.


AHB: ¿Qué te parece Andeshandbook? ¿La utilizas para tus expediciones?

EM: Sí la utilizo. Ahora, saliendo de acá debo ir a revisar la página Andeshandbook, siempre va bien tener la información. Uno con el tiempo puede imaginarse por donde va una ruta, pero siempre va bien una pequeña ayuda. Siempre la consulto, ahora cuando estuve en Perú bajé información sobre el tiempo y otras cosas. Ahora por mi trabajo tengo que ir muchas veces a montañas que no conozco, entonces agarro la información, la leo y luego con la información en la realidad funciona. Es la ventaja de tener experiencia. Los datos sumado a la experiencia es lo que funciona. La experiencia es la que te dice si vas bien o mal.

 

Luego de esta entretenida conversación, me quedo con la impresión que Eduardo Mondragón es, como casi todo gran hombre de montaña, bastante reservado con sus logros y ascensiones en distintas partes del mundo, no hace alarde de sus múltiples sucesos deportrivos y sorprende con una sencillez que van de la mano con su manera de hablar y de ver la vida.